domingo, 20 de abril de 2014

EL VINCULO

El Vínculo

Hace tiempo que quería haber escrito acerca del vínculo. Y hoy, no demoro más esta necesidad.

El vínculo.... Eso que te une a alguien o a algo. Eso que las personas necesitamos. Sí. Lo necesitamos, por más que nos quieran hacer creer que no. Y es que parece que se ha puesto de “moda” que lo mejor es no necesitar de los demás, y valerse en la vida prescindiendo de la compañía, el apoyo, y la ayuda de los otros. Y esto, no es real.

Una cosa es que uno sea capaz de sostenerse, verse sus entrañas, siendo consciente de sus lados oscuro y luminoso, sin proyectarlos en los demás, y sin buscar culpables de sus males en los otros. Y otra muy distinta, es que no necesite estar vinculado a los demás, para caminar junto a ellos, y compartir mi dolor, mi alegría, … mi vida.

Naces, y ya traes contigo un fuerte vínculo, que estará en ti toda tu vida. Aunque te separes de tu madre al nacer, vuestro vínculo está ahí siempre. Sois familia. Traes contigo en tu nacimiento toda la energía y poder de tus ancestros. Por tus venas corre también su sangre, tienes sus genes, rasgos que se reflejan en tu cuerpo.

Este vínculo es fuerte y poderoso. Aunque no exista una relación, está ahí para siempre.

Hay otro tipo de vínculo, que es el que nos ayuda a vivir día a día. Ese que necesitamos. El vínculo de las relaciones con los demás.
Los demás, que pueden ser también familia, de sangre o no. Pueden ser amigos, compañeros, …Incluso animales.

Es ese vínculo que se va forjando poco a poco, día tras día. Con miradas, gestos, palabras, abrazos, compañía.... Ese lazo que nos une y en cierta forma nos hace ser “dependientes” de los demás. No es una dependencia negativa. Es bien positiva. Pues cuantos más lazos tenga en mi vida, cuantas más personas estén vinculadas a mi, más acompañada caminaré, más apoyos encontraré, y si alguna de ellas desaparece... seguiré teniendo otras.

Es muy importante alimentar este vínculo. Que exista un equilibrio entre el dar y el recibir. Que uno no se exceda en su pedir, pero tampoco en su dar. Ya que si doy mucho más que el otro, me estoy situando sin querer por encima de él. Pues le hago que me “deba” siempre algo. Con lo que hay cuidar mucho esto. Aunque yo tenga una gran capacidad de dar, puede que el otro no tenga tanta. Y esto no es malo. Cada uno es como es. Y hay que respetarlo. Y no esperar del otro lo que yo soy capaz.

Alimentar el vínculo con pequeños gestos: Una llamada, una mirada, un gesto, una caricia, escucha, un detalle que le guste, una palabra de agradecimiento, un abrazo, … acompañar, respetar, ayudar en la medida que lo necesite y que yo pueda, estar ahí, pedir si necesito, no esperar algo concreto, dar su espacio, permitirme el mío, … Dar la mano, sostener en algún momento, dejarme sostener si lo necesito, …

Para que yo pueda dar y recibir en equilibrio, debo primero amarme. Darme el permiso de errar, caer, respetarme, acunarme, aceptarme, levantarme... Y así, podré permitir a los otros que me den, pues no pondré resistencia a recibir de ellos, por no sentirme válida para ello por el simple hecho de SER. Y luego entonces, seré capaz de dar, sin miedo al rechazo, al error, al juicio.
Es por eso, que el vínculo es la llave de mi vida. Si abro la puerta de mi interior, y me reconozco, y llego a amarme siendo tal cual soy. La dejaré abierta para el resto del mundo.

Así que el primer vínculo es con uno mismo. Para luego, ser capaz de tener vínculos con los otros.

El vínculo con uno mismo, comienza aceptando y tomando a mis orígenes: mi madre, mi padre, mis ancestros. Después abriendo la puerta de mis entrañas, observándome, tomando conciencia de mi misma, de mi luz y oscuridad, viendo mi reflejo, y ser capaz de aceptarme tal cual soy, y entonces amarme y respetarme, cuidarme, y valerme. Luego ya, soy capaz de recibir de los otros, y de expresarme, de dejar la puerta abierta a los demás, sin miedo.



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