miércoles, 30 de noviembre de 2011

POLARIDADES

Al integrar en mi vida mi polaridad rechazada, la Madrastra, y convivir con ella junto con mi otra polaridad, Blanca Nieves, me doy cuenta de cantidad de cosas....

Ya no malgasto energía intentando ocultar a la Madrastra, con lo que mi capacidad para VER más y mejor se acentúa., se expande...
Y ya no pongo en los demás mis actitudes rechazadas de madrastra, con lo que mi relación con los demás es mejor y más sana, más real.

Después de ser Caperucita Roja y el Lobo, y haber visto que en mi cuento no aparecía el cazador, descubro en mi nuevo cuento que soy Blanca Nieves y La Madrastra.

Las piezas van encajando poco a poco... Y mi puzzle va tomando forma, conciencia. Comprendo mis actitudes. Y a partir de ahí, puedo tomar un nuevo lugar. Una posición distinta y nueva para mi: el centro.  El equilibrio entre mis polaridades.

Blanca Nieves se deja matar, de una forma inocente. La madrastra mata, para ser vista.  Con lo que el punto medio sería: NI MATAR, NI DEJARME MATAR.

Si mi supervivencia consiste en la lucha por el poder, me aferraré a una de estas polaridades, alternando paulatinamente.

Al verlo, y tomar conciencia, puedo tomar otro lugar. Y hoy, soy la misma de ayer, y a la vez soy distinta. Pues sigo siendo yo, desde otro lugar. Con los mismos ojos y con más visión. Con las mismas piezas del puzzle, más ahora puedo ver más piezas que antes.

El camino no es fácil, y sin embargo, qué maravillosa sensación descubrirme, y quitarme el disfraz que un día me puse sin darme cuenta....

jueves, 24 de noviembre de 2011

PRINCESAS Y MADRASTRAS

Cuando somos pequeños, nos cuentan cantidad de cuentos infantiles. Todos llevan un mensaje oculto, que sin darnos cuenta, se nos graba en el inconsciente.
Y cuando somos adultos, al intentar recordar uno de esos cuentos, descubrimos que solo recordamos ciertos fragmentos, o cambiamos el desarrollo, o lo mezclamos con otro cuento.
Resulta que cada uno de nosotr@s hemos tomado las partes del cuento según nuestra forma de ser y nuestra vida.

Hace un año, me puse a escribir el cuento de Caperucita Roja, y al terminar y compararlo con la versión original, descubrí que había cambiado considerablemente la historia.  ¡Qué sorpresa me llevé!  ¿Cómo lo había cambiado tanto?
Pues es que, como os digo, cada uno se queda con su interpretación particular, en función de su persona.

Y nuestra personalidad, creada en función de las cosas que vivimos y experimentamos, siempre tiene un lado positivo y otro negativo. Luz y oscuridad. Virtudes y defectos. Cualidades y manías.

En definitiva: que todos tenemos un príncipe o una princesa y un ogro o una madrastra.

Me cuesta ver mi lado "madrastra", pues me fastidia comprobar que esto es así. A todos nos hace "pupa" descubrir aspectos negativos propios.

Pero lo importante es ACEPTARLO. Porque solo si acepto mi lado negativo, puedo dejar de "taparlo" inconscientemente. Con lo que, dejo de gastar energía en este taponamiento, y puedo emplearla en potenciar mi lado positivo.

Si yo soy Blanca Nieves, soy bella, inocente, dulce, cariñosa y hacendosa. Pero también soy la Madrastra, y soy cruel, insegura, envidiosa, y mentirosa.

Ahora bien, al dame cuenta de esto, y aceptarme, hago un pacto entre mis polos opuestos, y sin juzgarme, procuro potenciar mi lado Princesa, sin intentar luchar contra mi lado Madrastra.

Si quieres descubrir un poco más de ti, escribe el cuento que primero te llegue a la mente, sin pensar en lo que escribes y sin juzgarte. Simplemente intentado recordar el cuento. Y luego lo lees y lo comparas con la versión original. Y después... ¡tu mismo de darás cuenta! Es un trabajo personal y propio, que solo puedes hacer tu sol@.

jueves, 10 de noviembre de 2011

META ANHELADA

En este viaje de la vida, uno va eligiendo destinos a los que desea llegar. Unas veces llega, otras no... A veces nos quedamos en el camino, por pereza, o por miedo a seguir avanzando, o quizás porque en ese punto del camino uno se da cuenta que está muy a gusto, y decide quedarse allí, bien por un rato, bien para siempre.

Hace mucho tiempo que sueño con un destino....


El viaje iba a ser largo, y requería de ciertas paradas para revisar mi auto. Pero no pensé en los riegos, solo veía en mi mente el destino anhelado, y eso superaba la posibilidad de contemplar los peligros. Así que cogí mi coche, le puse gasolina, y arranqué... Y comencé mi viaje con mucha ilusión. Sin miedo. Decidida y tranquila.
Al atisbar el primer cartel de la autopista, mi felicidad fue completa, pues sabía que conducía por el camino correcto. Y seguí avanzando....
Entonces, justo cuando llegaba a la primera estación de revisión de mi auto, percibí un fallo en el motor. Hacía un ruido raro, y no tenía muy buena pinta...   Así que paré enseguida, y avisé a un técnico especialista. La cosa no pintaba bien.... Y mi ilusión fue destruida cuando el técnico me dijo que el coche no podía seguir avanzando. Que tenía que volver a mi casa, repararlo, y entonces podría volver a emprender el viaje.

Me derrumbé... Y volví a casa muy triste. Y después de reparar el coche, no tenía ganas de volver a emprender el viaje. Decidí descansar y dejar pasar el tiempo para olvidar la tristeza y la decepción.

Pasó un año hasta que decidí volver a coger mi auto para llegar al destino anhelado. Así que volví a poner gasolina y repetí el proceso.

Circulaba tranquila, aunque en esta ocasión tenía un poco de miedo.

 La autopista me decía que iba por el camino correcto, y mi coche parecía estar en perfectas condiciones. Aún así, tenía miedo, y quise parar a hacer una revisión.
Lo hacía para quedarme tranquila y poder continuar, pero... resultó que el técnico vio que algo no funcionaba bien!!  Y me aconsejó volver de nuevo a mi casa, y llevar mi coche a otro especialista, para que le hiciera una intervención. Al parecer, mi auto tenía una tuerca de más, y era conveniente quitarla.

Así que volví a mi casa.... Triste y desolada....  ¿Por qué no vieron aquella tuerca la primera vez? Me hubiese ahorrado el segundo disgusto....

Repararon mi coche, y el especialista me dijo que probara de nuevo. Ahora el coche estaba en perfectas condiciones, según él. Y no tenía nada que temer.

Pasó el tiempo, y no sabía qué hacer... Quería llegar a mi destino, pero tenía mucho miedo. Y buscaba otros posibles destinos, de más fácil acceso, o más atractivos, para olvidarme del primero.

Busqué y busqué.... Y no me convencía ninguno. Así que volví a coger mi auto y salí directa a mi meta. Pero tenía tanto miedo, que en el camino, justo antes de coger la utopista correcta, buscaba con la mirada otras posibles salidas que me llevaran a un destino mejor. Un destino divertido, y que no me recordara nunca mi meta anhelada.
Ví tantos, que casi me pierdo en el intento.... Me mareé, hasta caer desmayada, y solo pude levantarme gracias a las manos de mi familia y amigos, que estaban junto a mi, y no me había dado ni cuenta. Entonces comprendí que otros destinos no me quitarían las ganas de llegar al primero, al que realmente deseaba llegar.

Resultó que entre todas las vueltas que había dado, había ido a situarme en la autopista correcta, y mi coche avanzaba solo hacia mi meta deseada. Al principio, me entró el pánico, y  me vi embarcada en el viaje sin querer. Luego, poco a poco, sonreí. Y me armé de valor para olvidar mi miedo, y continuar.

Había pasado ya la primera revisión obligatoria, y mi coche funcionaba bien. Estaba contenta, y mis miedos se iban desvaneciendo...
Entonces, llegué a la segunda revisión, y... mi sueño volvió a desplomarse!! El técnico me dijo que tenía una fuga de aceite. Que  no podía circular en esas condiciones.
Así que volví a llevar el auto al taller, y mientras lo reparaban, no podía dejar de llorar.... Estaba tan triste...

Al llegar a casa, me replanteé la idea de volver a intentarlo. ¿Realmente quería llegar a ese lugar? ¿Merecía la pena?  Si era así, tenía que llevar el coche a un buen taller, y que me aseguraran que la próxima vez no fallaría. Pero ningún mecánico me lo aseguraba. Todos decían que el coche estaba bien. Y que había sido "mala suerte".
Yo no me fiaba.... Y pensé en la posibilidad de coger otro auto, de alquilar uno aunque fuese muy caro. Pero resultó que en mi país no había casas de alquiler de vehículos....
Mi hermana me ofreció su coche, pero me dijeron que estaba prohibido, que en mi país no estaba permitido hacer ese viaje con un auto que no fuera propio.

Así que decidí dejar pasar el tiempo, y descansar....

Y un buen día, me levanté y decidí volver a emprender mi viaje!!   Me llené de positividad y alegría, y aparté mis miedos. "Esta vez sí " me decía a mi misma...     "Pues el auto parece estar bien, la gasolina es de buena calidad, y no tengo por qué temer, solo ha sido mala suerte."


El viaje me lo tomé con mucha tranquilidad, sin forzar el auto. Velocidad controlada, y revisiones periódicas.

Todo iba bien, y ya estaba llegando a la mitad del camino!!  Casi no me lo creía.... Iba a alcanzar mi sueño!!!
Estaba felíz y radiante. Y mis miedos aparcados, fueron desapareciendo...


Entonces, mi coche volvió a fallar!!!!  Otra fuga de aceite......   ¡Qué decepción! ¡Qué dolor! ¡Qué pena! .... De nuevo, mi sueño hecho añicos.....  Y esta vez estaba ya muy lejos de casa......

Volví a llevar el coche al taller. Estaba destrozado.  Así que dediqué un buen tiempo a repararlo y arreglarlo.

Pero ya no quería volver a conducir. Mi "mala suerte" ya me había superado... ¡No podía más!  Y me negué la ilusión de volver a emprender el viaje.

Estudié otras alternativas para poder llegar a mi destino sin tener que conducir mi auto. Y compré un billete de autobús que me llevaba al mismo lugar. Solo iba a perderme el viaje en auto, que aunque es algo bonito, mi experiencia no lo corrobora así.

Así que aquí estoy hoy con mi billete, dispuesta a coger el autobús. Lo malo es que el autobús no pasa todos los días, y he de esperar su llegada. Pero tarde o temprano llegará.  Y me llevará en un abrir y cerrar de ojos a mi anhelada meta.

A veces, se me hace larga esta espera...   Tanto, que incluso me planteo volver a coger mi auto...  Pues en todo este tiempo de espera, me he dedicado a mejorarlo. Ha estado en el taller periódicamente, lo he lavado, pintado, puesto nuevas luces, y unas mejores ruedas. No es perfecto, pero es como si fuera otro coche, pues ha cambiado. Tiene más capacidad para soportar largos viajes, y un mayor alcance de visión. Sus frenos están perfectos. Y aquella tuerca de más ya no está. Tiene todo lo necesario para emprender el viaje.  Solo me falta un cosa: aventurarme sin pensar demasiado.

Quizás haya un día en que me lance a la aventura, y emprenda de nuevo mi viaje.... O quizás nunca lo haga...

 Pero haga lo que haga, yo tengo mi billete de autobús. Y eso me da tranquilidad. Porque de una forma u otra, se que voy a llegar mi meta anhelada.....

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