lunes, 23 de enero de 2012

TOMAR UNA ELECCIÓN

A veces nos encontramos en medio de dos caminos, y nos invade la duda, el temor a equivocarnos, arrepentirnos luego de lo un día elegimos... Y por eso, muchas veces, nos quedamos "paralizados", evitando tomar una decisión.
Una vez, hace mucho tiempo, mi amiga y maestra Mª Carmen Nasarre, me contó un cuento acerca de esto:
Caminaba por el bosque una muchacha, y llegó a un cruce de caminos. Se quedó pensando en qué camino tomar.... Y no se decidía... Pasaron las horas, se hizo de noche, y se quedó durmiendo en medio del cruce. Al despertar, vio que había perdido un día entero, y se impacientó, se puso nerviosa... pero no conseguía elegir qué camino tomar....  
 Así la muchacha, siguió con sus dudas de qué camino tomar.... Y terminó el día exactamente igual que el anterior. Sin elegir un camino. Y pasaron los días, ... semanas, ... meses... y años... Y no conseguía decidirse. Tenía miedo de equivocarse y no quería arriesgarse a dejar algo bueno sin descubrir....
Una mañana, se miro sus manos, y vio que tenían arrugas, y su reflejo en el agua le mostró a una viejita.  Había pasado su vida parada en el mismo lugar, sin avanzar, por miedo a equivocarse... 
Y vio llegar de uno de los caminos a un grupo de gente, y les preguntó de dónde venían, y cómo era el lugar del que habían partido. La gente le respondió que allá donde estaban había un pueblo muy bonito, con grandes montañas, y un precioso lago. Que la gente del lugar era muy amable y bondadosa. Y la viejita les preguntó si habían sido felices allá, y que si era así porqué motivo volvían.  La gente les dijo que habían sido muy felices, y que simplemente volvían para explorar nuevos mundos. 
Casi estaba a punto de tomar esa dirección, cuando vio llegar del otro camino a un señor. Y le preguntó lo mismo que a la gente del anterior camino. El señor le contó que el lugar de donde venía era un lugar precioso, con una magnífica playa, con personas muy alegres y trabajadoras. Y que él había sido muy feliz allá. Que regresaba para descubrir otros pueblos y gentes. 
La viejita entonces, se dio cuenta... 
Allá donde vayamos, seremos felices, pues la felicidad no depende del lugar, si no de mi capacidad para ver belleza y amor. Para disfrutar de lo que la vida me ofrece.... Y en cualquier caso, siempre puedo volver, cambiar de camino, descubrir otros destinos....
Más si me quedo quieta, por miedo a equivocarme, no vivo, no descubro, no me doy el derecho a ser feliz, a equivocarme, a aprender, a vivir.

Yo que soy una experta en quedarme quieta, evitando tomar decisiones, me doy cuenta del tiempo perdido, del vacío que queda por no elegir. De la muerte interior por mi miedo al error.

Así que hoy, me doy el derecho a equivocarme, y a sufrir, pero no morir. Tomando decisiones sola, responsabilizándome de mis victorias y mis errores.
Ya no espero que venga una estrella en el cielo y me muestre y elija el camino de mi vida. Pues la estrella la llevo dentro, es cuestión de confiar en mis adentros, mi instinto es muy listo, me habla mediante "sensaciones" en mi cuerpo....

Cuando elegimos sin mirar el camino no elegido, nos liberamos. Salimos del enganche de la duda, del parálisis vibracional. Y nuestra energía vuelve a fluir, igual que nuestra vida.

Un simple ejercicio que aprendí el otro día, consiste en lo siguiente: Sitúate en frente de 2 personas. Una en cada extremo, quietas, mirándote y sin hablar. Mentalmente elige para cada persona uno de los caminos a elegir en tu vida. Y permanece quieta, sin pensar. Date tu tiempo, y deja que tu cuerpo te hable. Y sin pensar, sigue el instinto de tu cuerpo y avanza lentamente hacia la persona que elija tu cuerpo, tus sensaciones, y emociones.
 Que tu miedo no paralice tu vida.
 

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